sábado, 26 de febrero de 2011

La Vid.


El éxito de la amplia distribución geográfica de la vid está en sus genes. El gran número de genes que posee como dotación la Vitis Vinífera es el responsable de una fantástica adaptación al medio que ha permitido que la vid se extienda por todo el orbe, desde Alemania a Australia, pasando por Sudáfrica, Chile o España.
Esta enredadera originaria, la Vitis Vinífera (silvestres según algunos autores), posee una importante capacidad para mutar y adaptarse a diferentes entornos. En España, sin ir más lejos, existen vides a nivel del mar en Sanlúcar de Barrameda y a más de 600 metros sobre el nivel del mar en el Pirineo catalán. La temperatura que soporta en los pagos alemanes dista mucho de la benignidad del clima tarraconense o de la canícula veraniega de la comarca onubense del Condado o los secarrales de Cartojal, en Málaga.
Imagen  Vides y cepas
Desde la era terciaria, la Vitis no hace otra cosa que mutar y dar lugar a diferentes variedades. Las dos primeras cepas que se conocen, derivadas de esta cepa madre, son la Vitis Lugwigii y la Vitis Teutónica, precursora de las actuales vides, que todavía se reproduce de forma salvaje en la cuenca mediterránea.
El hecho de tratarse de una planta hermafrodita ha contribuido grandemente a su reproducción y a su distribución por todo el orbe.
Una de las cualidades de la vid, estriba en su capacidad autofermentativa. A diferencia de otros vegetales, los hongos que recubren las uvas son capaces de penetrar, una vez maduradas, y producir una fermentación espontánea. Por ello, no es casual que los primeros pobladores humanos se dieran de bruces con una fruta dulzona que, además, tenía la propiedad de elevar su tono vital.
Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero es posible que sacerdotes y brujos se hicieran con los procedimientos de elaboración de los vinos en la más remota antigüedad, y que los empleasen en sus ceremonias catárticas. De hecho, en pleno medioevo, son los monjes franceses de Cluny y Cister los que trasladan hasta el norte de España los primigenios procedimientos franceses de producción de vinos. Es curioso, además, que el vino esté presente de manera manifiesta en algunas religiones y otras lo tengan rigurosamente prohibido; nadie es indiferente al vino.

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